Enciclopedia Virtual de las Serpientes
El Veneno

 

Los únicos reptiles venenosos, aparte de dos Lagartos, de la Familia Helodermatidae, son algunas Familias de Serpientes.
Esta capacidad que tienen muchas de ellas de producir e inocular sustancias altamente tóxicas, con las que se procuran las presas que necesitan para su sustento, es uno de los motivos principales que les da triste notoriedad y que da lugar a que el hombre sienta una atávica repugnancia por ellas.
No todas son venenosas, y entre las que lo son, no todas segregan veneno de igual toxicidad.
Las especies venenosas más temibles pertenecen a tres Familias: Viperidae, Elapidae e Hydrophiidae, que en el curso de la evolución han desarrollado aparatos específicos para la producción (glándulas), e inoculación (dientes) del veneno. Existen otras especies venenosas, aunque mucho menos temibles.
Las glándulas venenosas de las serpientes son de tres tipos: la parótida, la temporal y la submaxilar, especialmente conformada para esta función. Se considera la glándula venenosa por excelencia, que sólo existe en las familias más especializadas. Las dos primeras glándulas presentan estructura maciza y no tienen ninguna musculatura específicamente proporcionada al veneno que contienen, el cual se vierte en la base de los dientes o colmillos que el reptil utiliza para inocular el veneno en las víctimas. Cuando el ofidio muerde, el veneno penetra directamente en la carne de la presa a través de las heridas causadas por los dientes. Esta condición se da en muchas especies de moderada acción venenosa. Un tipo de agresión más perfeccionado, implica la presencia de dientes asurcados situados en la parte posterior de la mandíbula (opistoglifos).
Glándulas venenosas propiamente dichas, altamente especializadas, sólo la poseen las citadas cuatro familias de Serpientes más venenosas, que disponen también de dientes asurcados o de pequeños canales situados en la parte anterior (proteroglifos) que confiere notable eficacia y rapidez a la inoculación del líquido en la carne del animal atacado. Dichas glándulas ocupan las regiones posteriores y laterales de la cabeza, aunque presentan considerables variantes, en cuanto a su conformación, según los varios grupos de Serpientes. En general, tienen forma de ampolla alargada, que se estrecha bruscamente en la parte anterior, se hace muy delgada y se prolonga en un conducto que une la glándula a la base del diente. Las subfamilias Viperinae y Crotalinae, disponen de una musculatura especial que exprime la secreción tóxica durante la mordedura. La misma está constituida por dos haces del músculo temporal anterior, el compresor curvo y el compresor recto. El primero envuelve casi por completo la glándula, y al contraerse ejerce una enérgica acción que vacía su contenido, mientras el segundo coadyuva en esta función presionando la parte interna de dicha glándula. También en los Elapidae, el líquido se exprime de la glándula venenosa por medio de tres haces que posee el músculo temporal anterior.
En cuanto a la forma y posición de los dientes del veneno, Elápidos e Hidrófidos disponen de dientes muy desarrollados, provistos de una ranura por la que pasa el líquido, mientras que en el caso de los Vipéridos y Crotálidos, familias muy evolucionadas, están aún más perfeccionados, ya que poseen un conducto interno que los asemeja a una aguja para inyectables. Además en estas dos últimas familias el hueso maxilar en que se insertan dichos dientes es movible. En estado de reposo son colocados en posición horizontal en el interior de la boca.
Según los distintos tipos de glándulas y las diversas familias, el veneno presenta aspecto y composiciones diferentes. El segregado por la glándula parótida tiene aspecto cremoso y color blancuzco, mientras que el de los Vipéridos, Crotálidos y Elápidos es límpido, inodoro y de tonalidad amarillenta, verdosa o blanca.
El veneno de las Serpientes puede desecarse, sin que pierda, por mucho tiempo, sus propiedades. Sin embargo, su toxicidad desaparece si se calienta a ciento veinte grados centígrados, lo cual no sucede con la refrigeración.
La cantidad producida varía según el tamaño del animal, de su especie y de su estado fisiológico y edad.
Un Ofidio venenoso dispone una reserva de treinta o cuarenta miligramos.
También la composición química resulta muy variada y compleja. Puede decirse que contienen sustancias muy activas y de naturaleza proteica, similares a las toxinas bacterianas, además de una serie de enzimas que producen graves efectos en la integridad de células y tejidos.
De fundamental importancia es la "especificidad" de los diversos venenos, debida, sobre todo, a los constituyentes proteicos y enzimáticos, lo cual obliga a que exista una amplia gama de sueros, asimismo específicos, para curar los envenenamientos.
El estudio de las propiedades fisiopatológicas de los venenos ha permitido distinguir tres tipos principales: neurotóxicos, hemotóxicos y curarizantes. Los primeros, actúan sobre el sistema nervioso, en tanto que los últimos atacan especialmente la sangre y otros tejidos. De hecho, todos los venenos de los Ofidios presentan en su acción ambas propiedades, ya que unas veces predomina la acción neurotóxica sobre la hemotóxica y en otras sucede a la inversa.
El veneno es una complicada mezcla que afecta al sistema nervioso de las víctimas, a los tejidos o a la sangre, o a las tres cosas a la vez. Su principal objetivo es atontar a la presa para que después la Serpiente pueda devorarla, pero a veces también se usa como defensa. Sin embargo, la mayoría de las Serpientes intentará, siempre que sea posible, evitar un combate escapando.
En resumen, en los venenos de las Serpientes existen:
- elementos neurotóxicos (o neurotoxinas, o toxinas nerviosas), que dañan en mayor o menor grado las células del tejido nervioso y poseen cierta actividad específica respecto a varios sectores del sistema nervioso; determinan la parálisis de algún centro, casi siempre respiratorio, y causan la muerte del ejemplar atacado.
- elementos hemotóxicos, con capacidad para destruir las paredes de los vasos sanguíneos y linfáticos, de modo que causan gravísimas hemorragias. A ello se agrega la acción coadyuvante de sustancias especiales anticoagulantes que impide que la sangre coagule.
- elementos coagulantes, que, al originar coágulos, provocan la oclusión de vasos sanguíneos.
- hemolisinas, que destruyen los glóbulos rojos de la sangre.
- leucolisinas, que ejercen una acción análoga a la de las hemolisinas, pero sobre los glóbulos blancos.
- citolisinas, que atacan las células de los tejidos, en especial las hepáticas y las renales.
- sustancias que favorecen la difusión de las bacterias.
- enzimas especiales que contribuyen a que el Reptil pueda digerir las proteínas de las células atacadas.
Se trata de un complejo de principios activos y de agentes en parte antagónicos, que determinan, según el porcentaje, una acción preponderante en uno u otro sentido. Dicho porcentaje constituye uno de los elementos que caracterizan la especificidad de los venenos de los Ofidios, debido a su factor proteico, que resulta fundamental. En los Vipéridos y Crotálidos predominan el complejo de citolisinas y hemolisinas, por lo que el envenenamiento por parte de estas mortíferas Serpientes produce efectos hemorrágicos y de necrosis. En la familia de los Elápidos prevalecen las neurotoxinas.
El veneno tiene la facultad de iniciar el proceso de digestión de los tejidos de sus víctimas por medio de las enzimas, facilitando así la posterior digestión en el intestino de la Serpiente. De este modo se pone de manifiesto el profundo significado evolutivo que en estos Reptiles tiene el aparato venenoso cuya índole defensiva no es sino indirecta, ya que en realidad responde a un carácter alimentario y forma parte de las complejas modalidades previstas por la naturaleza para dotar a los animales de los medios necesarios para su subsistencia.
La existencia de Serpientes venenosas constituye un gravísimo peligro para el hombre (ofidismo), en particular en muchas regiones tropicales. De las dos mil seiscientas especies pertenecientes a este orden, unas cuatrocientas pueden provocar la muerte del hombre.
No hay otro medio para defenderse del veneno de estos Reptiles, en caso de mordedura, que los sueros antiofídicos, los cuales se preparan inmunizando con dosis progresivas de veneno a animales apropiados, por lo general potros. Existen sueros contra el veneno de una especie determinada (monovalente) y otros que actúan contra los de varias especies (polivalentes). Debe tenerse en cuenta que el veneno de las Serpientes y su acción sobre el organismo varían de forma considerable de una a otra especie.
Ordeñar el veneno de las Serpientes es todavía una práctica común en muchas partes del mundo; ese veneno se usa para obtener suero antiofídico contra las picaduras. Se sujeta a la Serpiente por detrás de la cabeza y se la hace morder a través de un tejido que cubre la boca de un pequeño recipiente. Entonces se la fuerza a soltar el veneno con una suave presión en la glándula que lo contiene, que está situada en las mejillas. Con el tiempo el animal produce más veneno.
Por fortuna, la mordedura de un Ofidio no siempre da lugar a reacciones graves. Suele ocurrir que el Reptil no inocule veneno, o que la cantidad sea insignificante. Esto sucede, cuando se trata de un ejemplar joven que no ha alcanzado aún su pleno desarrollo, o cuando el ofidio ha atacado poco antes a una presa, le queda poco o casi nada de veneno en sus glándulas. También por error de cálculo, del ofidio puede clavar parcialmente sus dientes o uno sólo.
Las Serpientes desempeñan un papel relevante en la economía de la naturaleza. En conjunto y prescindiendo del problema que representa el ofidismo, las Serpientes resultan muy útiles, porque destruyen gran cantidad de roedores cuya excesiva proliferación ocasiona un desequilibrio muy peligroso para la economía: agricultura.
Las culebras, tan injustamente perseguidas, entran de lleno en la categoría de animales útiles. Se considera que cuatrocientas especies de Ofidios pueden ocasionar en el hombre envenenamientos mortales, habrá que calificar estas especies de decididamente dañinas, aunque un análisis objetivo de la acción que efectúan en la naturaleza induce a incluirlas en el número de útiles, aparte que sean venenosas.

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